11.1.10

JAPI NEW YEAR EN LA FELIZ, LA PARTE QUE FALTABA


VIERNES OTRA VEZ

Lo bueno de levantarse con resaca es que nadie se acuerda bien si el Dr Elías roncó mucho o poco. ni si sonó el despertador. Ni si se vino abajo el vecino edificio Havanna. Ni el cabezón que es de siesta corta. Nadie se quería levantar porque no había nada para desayunar. Pero como contra la lija no se puede luchar (y menos si no tenés un paquete de poxirrán y una bolsita del Coto a mano) terminamos eyectados de los colchones frente a lo que quedaba de las migas de la víspera. Ni queso derretido en la asadera había. Así que apenas después en enmallarnos partimos con destino playeril en busca de algo que no me acuerdo bien qué era. Pero tenía que ver con el morfi. Si me acuerdo que paramos frente a la playa Varese en una confitería donde después de una prolongada espera (cuando esperás para combatir la lija cada minuto dura lo mismo que un lunes laborable) nos preguntaron si preferíamos sector fumador a lo que no pude contener el puma que llevo adentro recalcando por lo bajo un “fumador, merquero, bufarra, cualquiera me viene bien a esta hora”. Salado el precio. Tan salados como los ojos verdes de la nena que nos traía los platos y sonreía tímidamente cuando le pregunté si los postres incluían hepatalgina.



Con el bagre amansado y el sol que chisporroteaba las uñas de los pies seguimos pateando un trecho hasta la grande, donde bajamos en busca de las olas el viento y el frio del mar. Que lo parió con el frío del mar. Con el forro solar recién puesto, era el momento ideal para hacerme milanga humana y correr como alfonsina storni en busca de alguna ola que me fagocite sólo para escupirme frente a una bañista de baywatch. Pero no había bañeras de baywatch. Ni olas. Y ante duda dejé que un espumón me saque a pasiar, porque uno nunca sabe. Por ahí el bañero tiene una hermana. Por ahí la hermana es coloradófaga. Deprontosplash! La chica del bikini azul. Te mira y a la mierda no vuelvo a probar atún en mi vida. Salí resfregándome los ojos porque entre la sal y la mostra que tenía mas barba que yo (no hay que hacer mucho mérito para eso, es verdad) no pude evitar emocionarme. Y después dicen que la fauna del mar argentino esta en peligro. Donde hay un ballenero coreano cuando se le necesita! Uno a uno fuimos corriendo al mar con una sonrisa de nene de 5 años que estrena barrenador por primera vez en la vida, y volvimos con la cara del padre que ve como el barrenador vuelve a la orilla sin su primogénito a bordo.
Por suerte 3 o 4 cachorras después el agua se evaporó y el humo de la boca te recuerda que hay que ir a buscar un bebible para apaciguar el puma que el 5to lomito con lechuga tomate jamón queso y huevo frito en 2 días. Y para cuando se acercaron los nubarrones del sur, zarpamos rumbo a un polirrubro gastronómico a pasitos del pituco complejo de carpas que debimos (como todo turista gasolero) sortear por el costado a lo usain bolt para no morir salteados en arena hirviendo. Mesita. Cervecita. Nubes a lo lejos. Brindis. Chaparrón. Cabezón mirando el crónómetro. Otra cervecita. Manise. Los abdominales del gimnasio los perdimos hace dos días, pero por más que nos cagamos aplaudiendo, sólo recuperamos 3 pibes, una havaianna calcinada y media docena de bolsas a las que la gente suele ponerles basura pero no algo de contrapeso que impida que te impacten en la cabeza mientras pispeas a la nena que lee la caras y por alguna mala pasada del destino no aparece en la tapa, mientras el padre mira para otro lado, apenas se levanta una brisa. Chaparrón. El cabezón con la mirada perdida hacia el oeste, buscando un bondi que diga “A Mercedes YA”. Nosotros mirando la tormenta que pasa. Las minitash que esperan sacarle el jugo a la última gota de sol antes que un rayo la parta como se lo merecen. Todavía estaba medio nubleta cuando decidimos salir para aprovechar lo que quedaba de la última tarde del cabezón. Uno, dos tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho nueve… por cada paso que dábamos hacia afuera se metía una familia entera con carpa, reposera y lancha padentro del local playero. Y no fue hasta que el local estuvo al borde del colapso , que volvió la lluvia, el granizo y los últimos sobrevivientes de lo que parecía el último maratón pre tsunámico a la carrera para guarecerse bajo un techito donde hasta el momento cabíamos cómodamente los 4 viajeros. Y quiero hacer hincapié en la comodidad porque seguían cayendo personas empapadas después de 15 minutos de agua y piedra y no me sabían responder a mi pregunta: “para qué corrés nenita, si estás como un poco muy empapada?!” su cara desencajada mirando su bolsito playero re re top con cámara de fotos, celulares varios, todo lo que una persona con onda puede llegar a necesitar fue su mejor respuesta. El bolso tenía todo. Todo menos la impermeabilidad.
Pasó el segundo chubasco, llegó el viento y con el viento los buzos y con los buzos las nenas que se iban de la playa y atrás de las nenas que se iban de la playa zarpé yo. siempre en patas. Atrás mío venían mis compañeros de emociones escuchando “la nueva lija”. Y si ya eran como las 6 y los escualos de tierra hacía como 2 horas que no probabamos bocado. Al cabezón le quedaban apenas un par de horas para volver a ser dorima así que ni bien llegamos directo al auto y empanados como rabas partimos a cumplirle la última fantasía al primero en abandonar la casa: Zapi en Guemes. Nadie se animó a mantener la dosis de etílico en sangre asi que salió cocucha para todos. Después la revancha de jamón y morrones, que a pesar de la buena factura, el mote de “la mejor pizza que comí en mi vida” del cabezón quemó las bielas a metros de la llegada. Por lo menos así lo veo yo, cabezón. Si querés armate un blog y ponés que todos te levantamos en andas como cuando colón descubrió América, el boliche. Presentás solteras 2 meses después del casorio, jodepú. Gracias que no te atamos al catre y te hicimos ver el canal oficial de la feliz hasta que nos volvimos. Pst!
Cuando bajó el sol, volvimos la derpa a arreglar las cuentas. Todavía no entiendo como fue que me dejaron a mí a cargo de las cuentas. Si hay dos abogados, un contador y un redactor creativo, claramente el contador hace los números, y los abogados sacan al redactor creativo de la cárcel. Se cae de maduro. Pero de maduros nosotros, por suerte, no tenemos nada. El cabezón tocó los números un poco y lo llevamos hasta la puerta de la nueva terminal (ya no está en el centro así que los que planeen ir en micro, preparen las monedas pal Bondi) donde fue despedido con todos los honores de guerra. No hubo lágrimas. No hubo palabras. Pasaron varios semáforos en rojo hasta que los Foo Fighters nos volvieron a la vida al grito de “best of you”.
Depresión. Alcohol. Speed. Casino. Cerrado. Seguimos de largo. El centro. Shopping. Cerrado. La vuelta sobre nuestros pasos. El centro. Derpa. Y al sobre con el cartel de “cerrado por reparaciones” tatuado en la cabeza.


SABADOS DE SUPERACCIÓN

Ya nada era lo mismo sin el cabezón. Para empezar nos levantamos tarde. nadie dijo “estás despierto”. El Dr. Elías ya no roncaba como antes, y el Sr. Muras quería demostrarle a los purretes que todavía le quedaba muchas olas por surfear a esa tabla. Mochila. Protector. Billeteras. Lentes. Buzo. Homologadora. Auto. Playa. Y en el camino un parate obligado. Un parate que le veíamos perdonando el destino hace más de 15 años. Un parate que me acercó a la cuna de mis sonrisas. Porque si, yo, alguna vez, me reí con sonido. Quiero que lo sepan. Ahora rara vez sucede.


Y ahora si. En busca de la adrenalina. Corriendo contra el tiempo para aprovechar hasta el último espumón. Y las olas y el viento?! Bien gracias. Como suele suceder en estos viajes donde yo soy parte de la troupe. Las máximas de Murphy vuelven a hacerse presentes: “el tamaño y la calidad de las olas serán directamente proporcionales a tu lejanía con la tabla”. Y nosotros con una tabla de surf y una de morey, y el mar era una palangana de agua apenas fresca. Y el sol pegaba como Rocky contra mi sien, que pendía de la sillita playera como las medias reses del frigorífico donde solía entrenar el hijo pródigo de Philadelphia.
Los otros dos sobrevivientes del batallón había subido unas escaleras en busca de provisiones, y yo inyectado en factor 30 miraba de reojo cualquier atisbo de vestidito entangado con patas que se mueva sobre zona liberada. Los lectores más fieles darán cuenta de los quilombos gastronómicos que suelen frecuentar cada viaje hacia los desconocido que este bloggero ha subido, por lo que no se sorprenderán lo mucho que el pedido se hizo rogar. Lo mucho que la señora se olvidó y lo poco que (dada la caballerosidad de mis compadres) le hincharon las pelotas cronómetro en mano como suelen hacer muchos porteños ávidos de “disfrutar” su finde minuto a minuto como si fuera el último de sus vidas. Año nuevo. Puesto nuevo. Pedido nuevo. Espera nueva. Dame lo que sea! La cocucha helada y la completa con fritas elevó mi colesterol hasta los límites mínimos del preinfarto de miocardio por lo que los dragones de colores debieron irse en busca de otro enfermito mental que quiera deshidratarse mirando nenas bajo sadomasoquista sol del mediodía.


Arena. Sol. Playa. Minitas. Mar. Minitas. Más minitas. Después de hacerse rogar los piratas visuales que hacían sus primeras armas en lo que a homologación a distancia respecta, descubrimos a lo lejos un ser. No era una bala ni un avión. Era mamífero. Semi cetáceo. Con malla roja. Y por momentos rodeados de chicos. Era como los bichos esos del comercial de Ford Ka que se comen a los humanos como confites. Bueno como uno de esos, pero depilado a cero. Y quizás ya se había lastrado un par de pebetes antes de hacer playa. Lo charlamos mucho tiempo pero no nos terminamos de poner de acuerdo en qué tipo de ser podría llegar a ser. Tiene algo del coso es que se clavó al cazador de cocodrilos, si lo miran con cariño. Ustedes pasen y miren. Y opinen. Si se animan.



Apagaste el monitor. Reseteaste y cargaste la página de nuevo y está ahí. Sigue ahí. Ya vive en tu retina. Usurpó tu subconsciente y va a ser el actor principal de tus pesadillas pero con el tiempo y las pastillas de colores vas a estar bien. Como las olas (quizás espantadas por el ser) no aparecían, el sol se retiraba tratando de no hacer ruido y el ser no se movía, nos pusimos en puntas de pie y emprendimos la retirada junto con el resto de las personas antes que la erección lateral del ser llegue a buen puerto.
Las vueltas de la playa típicas de la primera quincena no tienen mucho que envidiarles a las de la segunda, a pesar de que hicieron la costera doble mano, y George W le puso mucha guita encima, en enero la feliz es como un biorsi de boliche: antes de las 6 ya rebalsa. Lo único bueno del tránsito lento que lo hace a uno secarse como un tereso al sol hasta llegar a esa esquina donde podés doblar, es que no tenés que ver las pintadas de “duhalde presidente” que adornan cada carrill de las principales avenidas. Cuesta imaginarlo, pero si mirás para arriba el paisaje no mejora demasiado.



Ya bañados, perfumados y vueltos a transpirar. Nos subimos a la nave como pomelo rock perdón digo Juanse rumbo a Guemes en busca de una parrilla que nos aleje del paty, la zapi y la milanga que azotaron nuestros intestinos sin hiel durante tantos días. hicimos escala en alguna parrilla que tenía tanta pinta como gente haciendo cola. 11 de la noche y 50 personas adelante, pispeamos con buenos ojos la que estaba justo al lado. Si, la que habíamos pasado de largo porque una parrilla que está casi vacía a las 11 de la noche, no es de fiar. Entramos. Mesa. Pedimos la carta y el proyecto de mozo nos dice “pidan lo que esté en el menú se lo marchamos” mientras nos da una fotocopia con 5 o 6 platos. Matambre a la pizza tenés? Lo que está a la carta, pidan. Por eso acá dice matambre a la pizza. No matambre no hay, lo que está a la carta pidan. Rabas tenés? No no quedan. Pero acá en la carta dice rabas, decime que es lo que tenes y listo. Lo que está a la carta pidan y nos señala la bendita fotocopia. Ok pedimos de acá, vacío te queda? No, lo que está a la carta. Carne tenés?!!!!!!!!!!!!! A ver pará que me fijo. Se va, gira a medio camino y vuelve decidio: hay pastas, quedan ravioles, fideos con tuco y milanesa, carne lo que está a la carta. Ok entonces te pido que nos dejes irnos. Y si, fuimos a comer parrilla y nos encontramos con el inventor del cuento de la buena pipa. Quien lo hubiera dicho. Faltaba que nos diga que los fideos se los estaba comiendo él pero de onda te recalentaba el plato en el microondas. Lo bueno de este tipo de personas es que la segunda quincena la va a pasar bomba en la playa, porque de acá a una semana este local cierra por falta de inteligencia humana.

Fastidiados con el universo gastronómico entero, perdidos en un mar de muertos de hambre que entraban y salían de la confiterias y restoranes con colas de las que ni la Rampolla se anima a hablar en cable, recurrimos a la memoria de andy, viejo lobo de marpla, que tenía un dato, salado pero dato al fin, que a pocas cuadras nos ofrecía un edén de carnes asadas a cambio de alguna costilla y/u ojo de la cara. Arremangados por si teníamos que lavar los platos entramos a “El Rescoldo” un lugar de esos en los que por la fachada ningún turista como uno se atrevería a pisar, sin colas que hacer, ni pendejos que lloran, ni adolescentes que se gritan al oído haciéndole saber a toda la cuadra que al fin les vino. Buena atención. Buen menú. Buen precio. Ahora si el año que viene paso y hay que hacer cola los corro con un tramontina oxidado uno por uno. No sean boludos ni conchudas, vayan ustedes pero no aviven giles.
Rodamos hasta el auto y zarpamos rumbo a alem en busca de una cura para nuestras piernas temblequeantes: helado. Pero no cualquier helado. Y ahora saltan todos con persico y volta y los hijos de fredo y que en mi barrio no sabés… patrañas! todas patrañas. Primero clavate un cannoli de heladerías Italia y después me contás.



UN DOMINGO CUALQUIERA.

Habiendo agregado otro tema infaltable en las futuras charlas de machos con machos remachos, esquivando los despertadores amanecimos para aprovechar lo que quedaba de nuestro escape a la libertad. Desde el balcón se veía algo de oleaje, y el dueño de casa no quería dejar pasar su última chance de estrenar el flamante traje de lobo marino.
No había tiempo que perder. A las apuradas ordenamos todo lo que 3 hombres pueden ordenar a las apuradas y para el mediodía ya estaba el sr esquivando los humanos que el ser no se había fagocitado, porque si, ante la duda, cuando el mar está dudoso van todos todos al agua. Remeras afuera. Panzas birreras adentro. 3, 4 5 segundos duró la hipocrecía. Y tarareaba el tema “be yourself is all that you can do” cuando caí en la cuenta de que el pelotudo de “yourself” se había olvidado no uno sino los dos protectores solares. Y el sol picaba sobre la nuca como un traba al que algún avivado le dijo “huy me olvide la billetera, te pago mañana?” y el mar era todo olas. Y yo primero con la remera y después cuando me empezaron a arder los brazos con el buzo esperando que pase el día tarareando “be an ass is all that you can do- oh oh” …



Pasaron las olas, recuperé al Dr. Elías que venía a punto camarón de sacarle lustre a la tabla de morey. Rato después llegó el kia con el jetra a media asta porque el calor ya era insoportable y aguantamos todo lo que pudimos hasta que decidimos ir a enjuagarnos el gaznate antes de pegar la vuelta. La depresión por el correr de los minutos nos impedían disfrutar de lo que quedaba del día así que volvimos para enrudecernos antes de que despegue la migración findesemanense. En el camino quedó una musculosa de la que algún caco se jactará frente a sus huestes. Los Bolsos. Los números. La escoba. Barrimos posta eh, no es que nos jugamos los bolsos a la escoba. Dejamos todo casi como cuando habíamos llegado. Y antes de partir hubo lugar para el último adiós al mar hasta la próxima aventura.


Subimos al auto y en 1.30 estábamos en Castelli. Las hambuguesas seguían igual de ricas que a la ida. La cocucha igual de fresca. Y las nenas igual de … no a las nenas las cambiaron. Las nenas de la tarde una lágrima señores conductores. Es ir a comer y nada más. De día se transforma en parador rutero familiar. Como si volverse de la playa un domingo no fuera lo suficientemente depresivo. Pero somos machos y los machos no lloran. Y como los machos no lloran, llovió de arriba. Por suerte de a ratos y no muy enajenadamente. Por momentos tapó algún que otro ronquido del Dr Elías. Y el tránsito se hizo más y más espeso. Tardamos como 4 horas en hacer los últimos 200km, y pasadas las 12 hice contacto con el catre. Mi catre. La vuelta fue puro mérito de Andy porque Elías y yo cabeceamos durante horas y apenas cruzamos palabra. Yo pensaba en la crónica que se venía, Elías en los balances del lunes. Y Andy seguramente, en la revancha: 3 días después volvería a saltear olas y personas allí donde había comenzado esta aventura.

14 comentarios:

La solitaria dijo...

uh que envidia nene!!!!

CheLo dijo...

Usted si que la pasa bien... ahora... aflójele a las grasas trans que nos vamos a quedar sin crónicas.

Juanimon dijo...

Eesa zapan no es joda, kilos y kilos de sabiduría.............ese lobo de mar lo agarra a Aquaman y lo caga a pinas eh? no es joda (aunque cualquier gil se planta a acuamán pero bua...)

No esperaba menos de la 2da parte

Un abrazo Santi!

La Criatura dijo...

Impresionante el mamífero semi cetáceo con malla roja.

Creo que tenés razón, será dificil sacarlo de la retina.
Pero... ¿quién quiere sacarlo? Todos seremos asi alguna vez... si tenemos suerte.

Ahora, colorado demoníaco ¿otro fin de semana fuera de casa sin ponerla, sin un teléfono, msn, icq, dni?

eMe dijo...

Hay que ser así de joven para sobrevivir a semejante aventura! Qué envidia Santi!!

Oiga, ese de rojo, no tenía correa???

SANTIAGO dijo...

Soli: que es lo que me envidia exactamente?

Chelo: la ensalada es lo que se come cuando se acaba la nerca. pero yo siempre compro nerca de más.

SANTIAGO dijo...

Juani: el "ser" tiene a la altura del colon el palacio de la justicia.

Criatura: si la pusiera muy seguido no tendría tiempo para escribir en el blog. ni tan seguido ni tan largos posteos.

SANTIAGO dijo...

eme: había una soga con boyas por detrás, pero no creo que sea la mascota de nadie.

Jimena con jota dijo...

Guau! cuántas actividades que desarrollan!! yo más morza no puedo ser. Igual lo que más me gustó del post fue el hallazgo biológico del ser semi cetáceo, para mi se escapó de mundo marino. ¿Por qué la gente se abandona así? ¿Por qué a los hombres sólo les crece la panza en la vegez?

besos!!!

SANTIAGO dijo...

Jimena con jota: a los abuelos también se les caen los huevos proporcionalmente a las tetas de las abuelas. y se les cae el pelo del marulo y le empieza a crecer de las orejas y ... no mejor no sigo ya con el ser es bastante explicito por ahora.

Jimena con jota dijo...

Cuando a mi se me caiga todo dejaré de ir a la playa a deleitar a los turistas con mis carnes flojas jaja

SANTIAGO dijo...

Jimena la nena: cuando a usted se le caiga todo yo ya voy a estar 6 feet under, asi que por lo menos a mí no me afecta.

La solitaria dijo...

http://eventioz.com/events/reunion-bloggera/registrations

Este es el link para registrarse en en el encuentro bloggero, si apetece...

SANTIAGO dijo...

soli: la semana que viene me voy a gesell asi que será en otra ocasión. gracias vuelva prontos!